Colonia Messor barbarus (II)

Colonia Messor barbarus: Peligro de intoxicación

Mis pequeñas Messor barbarus fueron pasando el invierno tranquilamente ya una vez establecidas en el hormiguero, en un estado de semi hibernación. A finales de febrero de 2018 vi las primeras pelotitas de huevos…¡la colonia iba a crecer! Era una excelente noticia, ya que desde su llegada la colonia había pasado de unas 35 obreras a 30.

Un buen día, mientras hacía unas galletas caseras, se me ocurrió probar a darles una bolita de masa (básicamente harina, huevo y azúcar) y la dejé en la caja de forrareo. Nada más descubrirla se volvieron locas y les encantó. Se acercaron todas a probar ese delicioso manjar y al final decidieron llevársela para dentro del hormiguero. No se les ocurrió mejor lugar que al lado de la seta, donde la mantenían húmeda y blandita para seguir comiéndosela tranqulamente. Claro, que ese lugar era un lugar arriesgado…

El problema fue que no la consumían a la velocidad adecuada, y esa bolita empezó a pudrirse y le salió una sustancia blanquecina. A pesar de eso a las hormigas no parecía importarle, y seguián acercándose a la bolita…incluso hicieron una especie de galería en ella y le ponían semillas encima. Ya no parecía que se la comieran, más bien parecía que la manipulaban con algún fin, tal vez hacer alguna especie de pasta alimenticia o algo similar (o unas cookies de cereales, jeje).

El caso es que cada día que pasaba, la bolita iba teniendo peor pinta y me empecé a preocupar. Aunque tenía un aspecto chungo no parecía que lo que le había salido a la masa fuera moho, y suponía que si fuera algo perjudicial para las hormigas se encargarían ellas mismas de sacarla fuera del hormiguero. El problema fue que como estaba pegada a la seta, esta también se fue viendo afectada y empezaron a salirle unos puntitos negros que sí tenían pinta de hongo.

Colonia Messor barbarus – Masa en mal estado

El gran problema era que ellas seguían sin darse por aludidas y no parecían tener ninguna intención de sacar la bola al exterior, así que tuve que tomar una decisión arriesgada: tenía que sacar yo mismo la bola de masa. Y para ello no había más remedio que desmontar el hormiguero. Así de paso también podría limpiarlo bien para evitar que algún resto de hongo o lo que fuera eso se propagara. Tras muchas dudas me decidí a ello por dos motivos. Por una parte, porque más vale prevenir que curar. Y por otra, porque sabía que en no mucho tiempo el número de huevos y larvas empezaría a crecer, y realizar la operación de limpieza sería mucho más complicado.

Tras meditar bien el plan de actuación, decidí coger un taper grande y poner dentro el hormiguero. Rodeé el borde del taper con aceite de girasol y fui quitando los tornillos uno a uno con cuidado. Quitar los últimos era una operación arriesgada, porque las capas de metacrilato se iban a soltar y moverse, aplastando a alguna de las inquilinas. Al final conseguí desarmarlo sin daños colaterales y quité las capas de metacrilato, dejando solo la base dentro del taper, con todas las Messor asustadas dando vueltas sobre ella sin entender qué estaba pasando. ¡Pobres!…con lo asustadizas que son normalmente, debían de estar a punto del infarto.

Poco a poco y con ayuda de un bastoncillo de las orejas, fui trasladando una a una a las hormigas que aún estaban sobre el hormiguero al taper. He de decir que durante todo este proceso mi novia tuvo que irse porque no lo podía ver, mientras repetía “se va a llenar todo de hormigas!” :D.

El momento más delicado era trasladar los huevos. Había una pequeña pelotita de 4-5 huevos, y sabía que no iba a poder trasladarlos yo sin dañarlos, por mucho cuidado que le pusiera. Así que esperé a que algunas obreras los fueran cogiendo con las mandíbulas para en ese momento trasladar a la obrera con huevo incorporado. Una vez libre el hormiguero, lo saqué del taper, lo limpié a fondo (seta incluida) y volví a montarlo. Ahora solo quedaba volver a pasarlas del taper al hormiguero.

Con paciencia y precisión de cirujano fui trasladándolas una a una con ayuda del bastoncillo. Se lo acercaba y esperaba a que lo mordieran o se subieran encima, y una vez conseguido las metía en la caja de forrajeo del hormiguero.

No sé cuánto tiempo pasó, tal vez entre media hora o una hora hasta que conseguí trasladar a todas, con huevos incluidos. No tardaron ni 5 minutos en volver a trasladarse dentro del hormiguero (ya les era terreno conocido) y en seguida volvieron a organizar su despensa de semillas y a deshacer sus maletas. La colonia volvía a estar asentada en un hormiguero limpio y sin ninguna baja.

¡Misión cumplida!

Colonia Messor barbarus – Un nuevo principio

Moraleja: mucho cuidado con introducir alimentos demasiado grandes que se puedan pudrir en el interior del hormiguero. Échale un vistazo a este post para ver otros errores frecuentes.

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